Santa Rosa Raymi

Saberes

En el Centro Poblado Menor Wayko, Santa Rosa es algo así como el pretexto perfecto para danzar a ritmo del pífano y el tambor, llenarse de múltiples colores y asirse aves disecadas alrededor del pecho y la espalda.

Qué hace Santa Rosa de Lima en tierra de los Llacuash? Qué hace aquí junto a quienes se abrieron camino en la selva huyendo de los incas, mezclándose con los nativos y siendo cargadores a grandes distancias? Nadie lo sabe, pero cuando la evangelización exige la presencia de una imagen católica en lugares como éste, las razones sobran y ella, la limeñísima patrona de la Policía Nacional fue escogida y elevada al título de reina del festejo anual de agosto.

En el Centro Poblado Menor Wayko, Santa Rosa es algo así como el pretexto perfecto para danzar a ritmo del pífano y el tambor, llenarse de múltiples colores y asirse aves disecadas alrededor del pecho y la espalda. Santa Rosa es la homenajeada y el sacerdote se hace presente para realizar el acto religioso e intentar ganarle a la música de fuera que convoca al instante a los desubicados fieles que están dentro del templo.

Santa Rosa solo es un símbolo que marca en el calendario, el festejo se arma de otra manera.

Tal vez  porque nadie les preguntó como era su mundo y  en 1982 trasladaron al Wayko del templo de Lamas a la Virgen Santa Rosa de Lima, iniciándose la fiesta ocho años después. Cuando para ellos existen varias deidades o espíritus del monte, algunos son árboles que tienen gran poder curativo y cuyas resinas son alucinógenos usados en rituales chamánicos. Shapshico es dueño de los animales, Yacumama vive en el fondo de los ríos y lagos, Ojé es de los cerros. (1)

Santa Rosa Raymi, denominan a la festividad, y orgullosos, los Llacuash de botas y jeans, responden en quechua. La  señorita o shipash turismo, trata de dar forma a su runasimi mal hablado para contarnos que en esta parte de la ciudad de Lamas, se trabaja la arcilla. Es una tradición antigua beber chicha de maíz fermentada en enormes tinajas o hatun ollas. La greda resiste el paso del tiempo si al fabricar la cerámica se ha tomado en cuenta la época: ocho días después de la luna nueva hasta la luna llena. El adorno típico es con achiote de color rojo matizado con líneas negras pintadas con llangua, una planta cuyas hojas son utilizadas también para teñir las faldas de algodón de las nativas mayores.

 

Cabezas del Festejo

Los dueños de la fiesta son los cuatro cabezones que se devotan cada año. En el Centro Poblado Menor Quechua Wayco un patrilinaje por turno se suele encargar de la festividad. Los cuatro varones que llevan más tiempo casados y que no han asumido el cargo en años, son los escogidos. De acuerdo al libro “Hacia la tierra sin mal” de Jaime Regan, el orden de los linajes es el siguiente: Sinarahua – Salas, Tapullima, Amasifuén, Sangama, Cachiche y Guerra. Investigadores del DIVA, Centro de Investigación sobre la Diversidad Cultural y Biológica de los Bosques Pluviales y Andinos, diagramaron un croquis de los ayllus o familias del Wayku. Allí se puede ver los apellidos frecuentes del lugar y la forma como están agrupados, aunque dicen que en los últimos años ha variado un poco.

En la casa de los cabezones (viene de cabeza de la celebración o  porque se ponen cabezones por tanta responsabilidad) más o menos, desde el 23 de agosto realizan el afaneo, que no es otra cosa, que el trabajo intenso para preparar la chicha o sara aswa rurana, tener listo el pescado, el inguiri que es el plátano verde sancochado, el ají, el masato o ruma aswa rurana, los cartuchos -que es labor de los varones- y sirven para  cubrir la masa del biscochuelo antes de ponerlo al horno.

La danza divide a jóvenes y adultos, a solteros y casados.  Los muchachos más jóvenes bailan en pandilla y por parejas una tonada parecida a la cumbia con instrumentos como el requinto que se parece al clarinete, el tambor y el bombo. La danza es monótona y consiste en dar vueltas para luego seguir bailando de a dos.

Los instrumentos sagrados como el pífano y el tambor, se unen para crear una música un tanto solemne, pero también repetitiva, que de acuerdo a lo recogido por el profesor lameño Félix Ramírez, sería de origen Chanka y su nombre es la Cajada. Las mujeres danzantes tienen que estar casadas.

Todo un pueblo detrás de su música y baile.

 

30 de agosto

Hoy, a la pequeña capilla ha llegado más gente. Algunos han venido solo por el bautismo de sus hijos o ahijados y otros, porque quieren escuchar lo que les dice el cura. Después, ya en el día central, Santa Rosa es “hombreada” o cargada por los cabezones. Realiza el mismo recorrido de la noche anterior. Al finalizar todos vuelven a las casas de los devotos a preparar el voto, aquel símbolo de continuidad del Santa Rosa Raymi. Los cabezones salientes comprometerán a los entrantes entregándoles un collar de rosquillas de yuca y abundantes biscochuelos, baldes llenos de masato y chicha de maíz. El voto significa que los actos celebratorios ya están terminando. Quizá por eso, el 31 de agosto es un día de carachupas y patotipina, sin perder el color al estilo Wayko.

 

Modernos

Las jovencitas ya no lucen la blusa blanca, prefieren polos de colores que traen su modernidad en los estampados de Osama, los reyes de la lucha libre y las artes marciales. Se ponen faldas sencillas bien naranjas, rosadas o verdes, una hilera de ganchos llamativos en el pelo y si bien algunas andan todavía descalzas, otras usan felices enormes zapatillas. Ellas bailan toda la fiesta. Los muchachos, rapados al estilo militar, empaquetados en jeans y camisas a cuadros, las jalan a la fuerza para arrancarlas del grupo y lucirlas como pareja. Nada las perturba, ni la costumbre ancestral que unas cuantas deberán repetir este año: ser raptadas por esos chiquillos de tímida sonrisa y regresar después de días a la pedida de mano para en familia fijar la fecha del matrimonio que será dentro de doce meses.

Santa Rosa permanece a un costado del altar mayor, colorada por el achiote que ha cubierto de rojo/naranja sus mejillas, típica gracias a la falda verde limón que cubre su manto negro, a las cintas que cuelgan de la cabeza y a esa impecable blusa con las sumachinas o adornos de grecas chillonas que tanto les fascina a las nativas y que hacen del color el distintivo oficial del Wayko.

 

Hojas de Plátano

El 31 de agosto los tonos chillones se transforman en el blanco y amarillo de la greda, y en el marrón de las hojas secas del plátano. Son los carachupas que deambulan desde temprano, perseguidos por el cazador que nunca los atrapa. Los carachupas representan a los armadillos y tras el traje natural nadie los reconoce. Deben pasear por el Wayko deteniéndose en la vivienda de cada cabezón a saltar y danzar con el requinto, el tambor y el pífano.

Carachupas, huyendo bajo las hojas de plátano.

La  danza mantiene una intrínseca relación con el entorno. Quizá por ello, sus seguidores son centenares, ya quisiera Santa Rosa haberse convertido en carachupa aunque sea en agosto.

Hay un intervalo en el festejo. Los encargados ya traen al pato que será el protagonista trágico del ritual de la tarde. ¿Por qué el patotipina o nuñuma tipina?. “Es costumbre”, responden los 4 nativos que he consultado. Dos horcones o maderos, colocados cada uno a un lado de la plaza del wayko, servirán para sostener una cuerda donde el pato será amarrado y  “alegremente” descuartizado. “El pato paga pato”, si lo entendemos como fin de fiesta, como un relajo luego de tantos preparativos, como una manera de lograr admiración dentro del grupo si después de varios intentos alguien consigue hacer suya una presa del desdichado animal. No lo sé. Los nativos Llacuash continúan bailando.
(1) DIVA, Centro de Investigación sobre la Diversidad Cultural y Biológica de los Bosques Pluviales y Andinos.  Wayco – Lamas. La gente y la biodiversidad.  Pag. 48

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