Por los dedos del Señor

Personaje

Norma Santos, llegó a curar al Señor de la Agonía, pero su acercamiento a él se transformó en devoción, tanto que asegura que él le quitó ese mal incurable que la sorprendió de repente.

  • Llegó a curar al Señor de la Agonía, pero su acercamiento a él se transformó en devoción, tanto que asegura que él le quitó ese mal incurable que la sorprendió de repente.
  • Con Norma Santos, artista plástica y restauradora de obras de arte, empezamos un nuevo viaje y nos gustó la historia.

Debo confesar mi afición por historias que lindan entre lo mágico y lo real maravilloso. En ese increíble tono de leyenda que debe acercarnos seguro a una creencia menos cotidiana y más transcendental. En Pisco (Ica) el terremoto ha dejado muchas heridas, tantas que quizá no se curarán nunca. Sin embargo, basta un sonido, basta un silencio, basta una muestra de devoción para convertir ese dolor en esperanza. En esperanza cargada de sueños y metas, pero también en esperanza pura de seguir creyendo simplemente.

Norma en pleno trabajo de restauración del Señor de la Agonía luego del terremoto del 2007.

Norma Santos, es artista plástica y restauradora de obras de arte. La conocí por el Señor de la Agonía. Este Cristo de un metro 67 centímetros de altura, con rostro agónico, que descansa y vive en el Templo de Belén de la ciudad de Pisco. Norma mantiene ahora un vínculo con esta tierra desde el año 2007, año en el que acudió al llamado de la Hermandad del Señor de la Agonía para reparar los rasguños que la imagen tenía luego del desastre. Era importante curarla, pues en octubre tenía que salir en procesión de todas maneras.

“Hice el estudio previo y volví a la siguiente semana a conservar y restaurar al Señor. Tenía dos dedos faltantes casi arrancados luego del terremoto para robarle un anillo; le apliqué su capa de protección y reparé los rasguños que había sufrido la capa pictórica. Entonces me invitaron a regresar para la procesión. Y regresé”, nos cuenta Norma. Refiere que en esa actividad le comentan que era necesario reparar y poner en valor el retablo donde se ubicaba el Cristo y que la Hermandad quería que ella se haga cargo del trabajo. Regresó a Lima con la intención de enviar la propuesta, pero enfermó.

“Estaba en riesgo, recuerdo el momento cuando el médico me dijo tienes 6, 8 meses de vida. Fue terrible. Empecé a desesperarme: Dios, por qué a mí, qué  hice para merecer esto. Sucedió entonces algo curioso. Soñé al Señor de la Agonía y decidí ir a acompañarlo en su procesión. Ya en Pisco vi que el templo estaba más avanzando y en esa ocasión, me vuelven a decir lo del retablo. Les indiqué que son varias etapas y que yo podía hacerme cargo de  la última, es decir de la conservación de la capa pictórica. Me dijeron que perfecto, que así sea. Regresé a Lima y mi enfermedad volvió con más intensidad. Fue cuando me atreví a decirle al Señor de la Agonía: Señor si me das la oportunidad de vivir  voy a embellecer tu altar. Él, tan bondadoso, cumplió la promesa. Me dio la oportunidad de vivir, vine toda emocionada, con sentimientos encontrados. Vine y conservé. Y como le dije a él, yo voy a poner en valor tu altar mayor,  lo conseguí.”

Norma Santos ha estado otra vez junto al Señor de la Agonía, ganando las gracias y acompañándolo en su habitual recorrido procesional del último domingo de octubre.

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