Maestra Shipiba

Personaje

Ella es Olinda Silvano y la conocimos en Cantagallo, a los pies del cerro y al costado del puente.

  • Artista Shipiba que habla en poesía y canta, mientras borda o pinta. Ella es Olinda Silvano y la conocimos en Cantagallo, a los pies del cerro y al costado del puente. Conversamos de las líneas que cubren las telas shipibas y ahora, admiramos más a su etnia y a las mujeres.

Maestra, ¿a dónde me llevan estás líneas?, ¿Será que el círculo de vida es un acto que se repite a cada rato? ¿Será que estamos hechos para darnos varias vueltas y encontrarnos en el centro, arrejuntados, despercudidos, sagrados?,  ¿Es lo que quiere decir este camino y el del costado?, ¿Cómo sabes tanto si ahora caminas por la ciudad y cruzas el puente pintado de letreros absurdos e irrumpes en la plaza sin árboles ni río? ¿Cómo has llegado hasta aquí, maestra?

Quizá Olinda Silvano podría responder que aún en esta urbe de nadie y de todos, en esta capital enorme y desordenada, ella ve más de lo que nosotros (simples y apurados mortales) podemos observar. Será por eso que en su Comunidad Shipiba de Cantagallo conserva las raíces y las tierras que le ayudan a teñir y a pintar las telas  con ese diseño o kené, tan particular e identitario de la etnia shipibo-konibo que fuera declarado patrimonio nacional en el año 2008.

Olinda Silvano, cuyo nombre en shipibo es Rishi, un suspiro;  define sus poderes en el origen, cuando nació iluminada, con una corona de conocimiento que le vino por herencia y a la que ha ido adiestrando para convertirse en la asesora artística de sus paisanas. “Estas líneas y sus formas solo las ven las personas que toman ayahuasca, mi abuelito se llamaba Miguel Ramírez,  él es el gran chamán, y me trasmitió ese poder. Fui creciendo y conociendo, tenía diversas visiones.  Yo no entendía por qué”.

KENÉ. Líneas que describen ríos y caminos, historias.

La maestra refiere que le dolía mucho la cabeza y entonces su madre le dijo que ella poseía el don, que debía ser ágil para dibujar lo que veía y proteger el legado que le iba a llegar a borbotones. Así que una inocente Olinda de 12 años corría por el borde del río buscando espacio para plasmar esos trazos que se le aparecían. Como no había dinero en casa, no podía comprarse un cuaderno, pero cuando lo hizo armó un álbum de diseños, los cuales sirvieron para que las mujeres (grandes y chicas) de su comunidad se fijen en ellos y los reproduzcan, ya sea en la tela, en el cuerpo, en el rostro, en la cerámica, en los collares, en las coronas.

“Lo que estaba invisible, le estamos visibilizando,  para que la gente conozca cómo es nuestro arte, cómo lo trabajamos acá en Cantagallo”, anota mientras sigue pintando con barro una nueva tela. La Comunidad shipiba de Cantagallo,  está ubicada entre la margen del río Rímac y la Vía Evitamiento, en Lima, la capital del Perú.

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