Nuestro Janchanchu

Saberes

Deben ser ellos, los que transformados en diablos danzan en medio de la fiesta.

Deben ser ellos, los que transformados en diablos danzan en medio de la fiesta. Como escribe el gran Edwin Loza: “La presencia de los mineros y sacerdotes españoles que desconocían nuestra cultura los llevó a confundir a las deidades andinas con los diablos o demonios de su cultura, y es por eso que hoy danzan deidades andinas convertidas en demonios”.  Aquí el relato.

Escribe: Edwin Loza*

Hace muchos años, cuando recién comenzaba a “darme cuenta de mi entorno”, tuve la fortuna de conocer a un gran Yatiri, muy reconocido por su sabiduría, a quien considero un verdadero maestro de nuestra cultura.

El pequeño pueblo de Rosaspata (Huancané – Puno) contaba únicamente con un manantial que los pobladores denominaron “iquiri”, dizque debido a la lentitud con la que fluían sus aguas, muy requeridas por todos. Este manantial quedaba muy cerca de la entrada del pueblo, una pequeña arboleda conocida como Qolli calle o calle de los qollis (árboles de hojas pequeñas).

Llegamos a este lugar porque mi padre, el profesor Alejandro Loza Paredes, había sido nombrado director del Núcleo Escolar Campesino. Debía construir el local escolar en un terreno muy cercano al pueblo. El primer problema fue la falta de agua para elaborar los adobes. Luego de muchas evaluaciones, optó por traer el agua de una “laguna encantada”. Se trazaron los canales y el agua llegó después de recorrer casi siete kilómetros.

Al poco tiempo mi padre cayó muy enfermo. Tenía una hemorragia nasal que no paraba con nada. Lo evacuaron a Huancané, y luego a Puno, donde lo curaron;  pero apenas volvió a Rosaspata, la enfermedad regresó. Es en estas circunstancias en las que nos visita el famoso yatiri o curandero, quien, luego de conversar con mi padre, le pide coca. Habla con las deidades y dice: “Al traer el agua de la laguna encantada sin el permiso de los guardianes, haz roto la armonía de toda esta zona y por eso es que los espíritus te quieren llevar; debemos hacer una ‘Ayta’ o ‘Lojita’ para lograr el permiso de las deidades”.

El yatiri viajó a Huancané y trajo todo lo necesario. El día fijado para la ceremonia, desde muy temprano, se instaló en la casa para preparar lo necesario para el ritual. Aquí es donde logré una amistad muy especial, pues a cada pregunta que mi curiosidad me obligaba, encontraba la respuesta sabia de aquel sacerdote andino. Me habló de las deidades, de los apus, de la Pachamama, de la Uywa Mama (Madre que cría) y del janchanchu o anchanchu, que, según él, era el más enojado, pues mi padre había violado sus territorios. Fue él quien me enseñó que el janchanchu o tío era el guardián de los minerales y solía también encargarse de las lagunas encantadas para desviar las ambiciones de personas buscadoras de oro y plata. ¿Es un diablo?, le pregunté. Me dijo que era un dios, una deidad que cuida las riquezas escondidas: el oro, la playa y el cobre; es decir chuqui, colque y champi (acepciones aymaras), que son metales preciosos, por eso existen el chuquijananchu, colquejananchu y champi jananchu.

Diablos que son quizá esas deidades que no supieron entenderse ante ojos forasteros.

Entre los dibujos que publicábamos en nuestro periódico mural me gustaba dibujar la imagen de los Caporales de la Sikureada que había visto en la Fiesta de Puno. Le enseñé y él me dijo: “Sí, es algo parecido al janchanchu, pero el verdadero tiene orejas, nariz y boca de Taruca (venado), por eso los que quieren hablar con él se hacen sus ropas muy parecidas a su imagen usando la piel de la cabeza del venado y bailan incansablemente”.

Llegada la hora se realizó la ceremonia ritual. No pude estar presente. Dicen que fue a medianoche y llevaron la ofrenda a la misma laguna. Mi padre sanó al poco tiempo.

El correr de los años, y el continuo caminar, confirmaron ese saber del yatiri de Rosaspata, pues en todos los asientos mineros, en todas las minas, siempre se celebró y se celebra el ritual al janchanchu, anchanchu, tío, chinchilico, muki, etc.

La presencia de los mineros y sacerdotes españoles que desconocían nuestra cultura los llevó a confundir a las deidades andinas con los diablos o demonios de su cultura, y es por eso que hoy danzan deidades andinas convertidas en demonios. Sin embargo para nosotros, quienes tuvimos la suerte de recibir y comprobar la sabiduría de los yatiris, seguirán nuestras deidades criándonos y nosotros viviendo en armonía con ellas. Así será por los siglos de los siglos, mientras en el más remoto rincón de nuestro altiplano existan tatas (padres), mamas (madres), imillas (niñas) y llokallas (niños) con identidad andina… así sea.

*Profesor, mascarero y danzante puneño. Artículo publicado en la revista Costumbres el año 2004.

#LaCandelariaEsMundial

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