Montealtares para el Cristo

Saberes

Tierra de Vizcardo y Guzmán, de apetitosos quesos y enraizada costumbre campesina y colonial. En Pampacolca (Castilla – Arequipa) la Semana Santa se vive en cada montealtar y en el eterno baile de los empalmes.

Tierra de Vizcardo y Guzmán, de apetitosos quesos y enraizada costumbre campesina y colonial. En Pampacolca (Castilla – Arequipa) la Semana Santa se vive en cada montealtar y en el eterno baile de los empalmes.

La bella Ccoripuma fue castigada y convertida en una gélida montaña cubierta de nieve, la que ahora todos conocen y admiran llamándola Coropuna. Desde Pampacolca, la tierra del primer precursor de la independencia americana, Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, el nevado aparece como un seductor protagonista del paisaje y aunque deambulemos por Maucallaqta (Pueblo Viejo) buscando huellas de los primeros pobladores de la zona, siempre acapara nuestra atención.

APU. Pampacolca tiene como cerro tutelar al apu Coropuna.

Hace frío, pero a 12 kilómetros, en el centro del pueblo, un sol inclemente desata su furia. Es Viernes Santo y las familias están ocupadas en diseñar los montealtares, con flores y ramas de sauce, con frutas, telas y cuadros. La tradición determina que en cada uno de ellos descansará el Señor del Santo Sepulcro.

Se preparan unos cuatro monte altares con la misma estructura, aunque algunos le dan mayor importancia a los adornos cristianos como cuadros y cruces y  otros prefieren ponerle mejor iluminación y más frutas. Pero hay que ayudar al Cristo con su dolor, refieren, y se dan de latigazos. El quinto y sexto monte altar son  diseñados en la puerta principal del templo y quienes se encargan de su decoración son los alcaldes de vara: el de la izquierda está a cargo de la comunidad campesina de Río Blanco y el de la izquierda lo decora la comunidad de Tuallqui.

ALTARES. Se arman estos arreglos en lugares especiales, pero el del templo está hecho por campesinos de dos comunidades de la zona.

Recorrido nocturno

La palabra Pampacolca viene de pampacolcce que quiere decir pampa de plata. Se llama así porque deriva de pampacorcca, una planta que crece en abundancia durante la época de lluvia. O podría estar ligada al término pampacocha, laguna que desemboca en la Caliza (Tipán) en una angostura del río Tumpullo. Pero según la Enciclopedia Ilustrada del Perú, Pampacolca es granero en la llanura.

En esta ciudad, de trazo similar al de Arequipa, la noche del Viernes Santo, en un acto muy solemne los santos varones desclavan a Jesús. Deben tener mucho cuidado y como suele suceder en muchos pueblos del Perú, cargan su cuerpo en una sábana blanca. Colocado ya más cerca de la gente, le ponen una túnica y todos quieren tocarlo, bañarlo en perfume, pues así como dice la biblia, embalsaman su cuerpo para la sepultura. Ya en el Santo Sepulcro está listo para salir en procesión.

Los más jóvenes cargan la imagen de San Juan y avanzan rápido como abriéndole camino al Cristo. Se alejan, pero a cada rato vuelven, es un eterno ida y vuelta. Las mujeres llevan a la Virgen Dolorosa que va tras su hijo muerto. Un hombre carga aquella pesada cruz cumpliendo una promesa, la misma que dura 12 años, cuenta, porque los apóstoles son 12, insiste.

Seguimos caminando, deteniéndonos en cada monte altar. Me cuentan. Quienes lucen un pañuelo verde en el cuello son los integrantes de la Hermandad del Santo Sepulcro. Los aspirantes a formar parte de esta organización hacen besar el clavo y la corona de Jesús a cambio de una propina voluntaria.

Comida y pascua

El sábado de gloria las solemnidades se olvidan. Los pampacolquinos están alegres y hay caballos de paso luciéndose en la plaza. Las señoras, sin embargo, han traído sus potajes: mazamorra de lacayote, pepián de cuy, revuelto de caigua, soltero de quesillo, saltado de quinua, puchero. Hay concierto musical en la noche y cuando dan las 4 y 30 de la mañana del domingo, todos a levantarse y a participar de la santa misa.

Al finalizar la liturgia dejan el templo por rumbos distintos la virgen y el Cristo resucitado. Escoltados siempre por hombres fuertes que cargan los empalmes, árboles llenos de frutas que han sido armados por el altarero usando lo que ha quedado de cada monte altar, las dos imágenes se encuentran y ella pierde el manto negro para ganar un esperanzador atuendo blanco.

Hay licencia entonces para bailar y leer el jocoso testamento de Judas, antes de quemar al muñeco de trapo que emula al traidor. Más tarde quienes cargan los empalmes se mostrarán ansiosos y buscarán donde sea a un padrino para desarmar el arbolito y verse beneficiados por el licor y la comida que corre por cuenta del elegido.

RITUAL. Como es costumbre, se sigue el esquema católico que significa hacer descender al Cristo antes de pasearlo en el Santo Sepulcro.

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