Montañas Sagradas

Saberes

Del nevado Pumahuiri nació la Virgen de las Nieves. El apu doctor, el Qolqepunko, recibe ofrendas de sus hijos y regala los bloques de hielo para curarlos.

  • Es cierto cuando se dice que la ignorancia es atrevida o que no amamos lo que desconocemos, quienes estuvimos allí y solemos viajar por el Perú, armamos nuestra apacheta y recogimos la magia de los apus. A pesar de sus heridas siguen siendo leales con el mundo.
  • En este relato, algunas creencias que peruanos y peruanas aún mantienen sobre sus montañas, sus cerros milenarios, sus protectores.

Del nevado Pumahuiri nació la Virgen de las Nieves. El apu doctor, el Qolqepunko, recibe ofrendas de sus hijos y regala los bloques de hielo para curarlos. En las alturas de Ocongate (Cusco) la vida depende del Señor de Qoyllurit’i, la estrella de la nieve que está en el templo y en el cerro pintado de blanco. El Sara Sara, una imponente montaña cubierta de nieve que está en Parinacochas (Ayacucho), tuvo un lío de faldas con su colega Sayachipa , bastante pequeño para él. Pero la leyenda cuenta que de la fiera lucha resultó mal parado y aunque las heridas no le dejaron huellas evidentes, lloró tanto que de sus lágrimas se formó la laguna que está debajo de su soberbia estructura.

A los pies del Apu Sara Sara.

 

Las creencias de los peruanos se magnifican cuando describen a sus cerros vigías, a sus apus encantados que los favorecen o castigan. El abuelo alguna vez nos habló del cerro Piscohuañuna, cuyo significado es “donde mueren los pájaros”. ¿La razón? Muy simple:  esta cumbre, ubicada en Chachapoyas (Amazonas)  rumbo a la selva,  mata a todas las aves que se posan sobre ella.

En Yauyos, provincia del departamento de Lima, se dice que San Cristóbal, un imponente cerro del pueblo de Piños, conversa durante las noches de luna llena con su colega Aylay, un  apu que está ubicado más hacia la costa. San Cristóbal influye para que no haya sequías y las cosechas siempre sean buenas. Los agricultores afirman también que San Cristóbal envía sobre el lomo de varios animales productos alimenticios de la sierra a la costa. Aylay desde sus tierras calientes retribuye estos envíos con camotes, ají, granadas y frijoles.

Milagro en la nieve

Ver al apu Pumahuiri, antigua deidad local de Coracora (Parinacochas – Ayacucho), significa remitirse a la actual patrona del pueblo, la Virgen de las Nieves. Hay numerosas historias sobre la aparición de la mamita como la que refiere que la sagrada imagen fue hallada por un campesino, cuyo hijo jugaba con el precioso niño de la Señora. Avisado el párroco de Coracora, los pobladores concurrieron a la cumbre del Pumahuiri para llevarla a la iglesia. Ella aceptó ser trasladada, siempre y cuando quienes lo hagan fuesen el hombre que la encontró y su travieso retoño. Este tipo de leyendas se multiplicó y como sugiere la profesora y escritora Pina Canales,  hubo “una intención inequívoca de relacionar  el milagro nievesino con el apu Pumahuiri cuyo nombre quiere decir rejón del puma y es considerado protector, vigía y guardián de Coracora”. Se quiso tapar el culto al cerro, cambiándole de rostro, para evangelizar a los nativos. Pina Canales anota que aún ahora subsiste la veneración al Pumahuiri y prueba de ello es lo que ocurre en los “despachos” o despedidas de los conjuntos típicos, donde expertos maestros realizan la pichapa o limpieza de los efectos de la música con conmovedoras oraciones y ritos a la virgen y al cerro tutelar de Coracora.

Deben escuchar su música y contentarse, el olvido y la indiferencia podría acabar con ellas.

 

En el hielo está dios

Resistieron a la extirpación de idolatrías decretada por España y le sacaron la vuelta a la evangelización para creer en sus dioses ancestrales, aún rezándole a la imagen que trajeron los conquistadores. El paraje denominado también Rit’i K’uchu, rincón de la nieve, está situado debajo de la línea de las nieves de una de las estribaciones del Ausangate, la montaña sagrada que dominaba el Sur del Cusco, siendo la principal fuente de riego para las zonas circundantes.

En el hielo está Dios, allí donde la montaña cura.

 

El valle de Sinakara, donde se ubica el santuario, era fecundo por la presencia de llamas y alpacas. Allí se reunían los comuneros para realizar sus intercambios. Por ello, agradecían al apu, el espíritu de las montañas, y veneraban una waca, piedra sagrada, sobre la cual se cree, como una manera de borrar los antiguos cultos, pintaron la imagen de aquel cristo crucificado, el Señor de Qoyllurit’i, el Cristo Campesino que ahora saludan los peregrinos.

Los pabluchas, pablitos o ukukus, los osos humanizados,  tienen una misa especial, antes de cumplir con su misión más sagrada. Subir al nevado, purificarse y relacionarse con el apu siendo mensajeros e intermediarios con los seres divinos. La nieve del Qoyllurit’i es sagrada desde épocas preincas. Solían llevarla  hacia el Cusco para limpiar la huaca mayor.  Sana y acoge a los seres que rezan sobre ella y uniendo piedras, como haciendo con ilusión una casita, guarecen a las velas para que el frío no las apague.

La reverencia es sagrada, igual que el alimento. Las montañas, los cerros y la tierra se nutren de la buena energía de sus protegidos.

 

Lo que se sigue contando

Tienen vida y saben cuando hacerse notar. Los cerros o apus como los conocen están tocados por el halo divino y son deidades para muchos peruanos. Ellos les ofrecen regalos de tiempo en tiempo para detener su furia o agradecerles por el agua y la fertilidad. Existen varios y cada uno ha creado su propia leyenda.

Ccoripuma, castigo de amor
Los antiguos habitantes de Maucallacta, restos arqueológicos ubicados a 9 kilómetros de Pampacolca (Castilla – Arequipa) rendían culto al Coropuna, una montaña blanca y hermosa que según la leyenda es una princesa llamada “ccoripuma”. Ésta se enamoró de un príncipe del imperio incaico, quien abandonó el Cusco para quedarse con ella. El dios sol le ordenó volver y él desobedeció. Allí vino el castigo: la bella muchacha fue convertida en nevado y el joven escapó hacia Andagua (poblado de la misma provincia de Castilla) perseguido por lenguas de fuego. Como intentaba alejarlas de su cuerpo metía la cabeza en la tierra de tramo en tramo. Por eso el suelo de aquella zona está calcinado y los lugares donde el príncipe se ocultó se transformaron en volcanes.
Apu Sarasara, antigua deidad parinacochana
Es presumible que los primeros asentamientos humanos en Parinacochas hayan escogido primero la meseta y luego los valles; de ser así, lo más probable es que hayan creído haber surgido de la Laguna de Parinacochas (Pacarina, lugar donde amanece la vida) alimentada por las aguas del nevado Sarasara. Demás está ponderar la grandeza del apu Sarasara, ya que su sola imagen habría producido en los antiguos parinacochanos la figura del guerrero impetuoso, protagonista de fabulosas hazañas en las que otros apus como el Pumahuiri (Rejón de Puma) de Coracora le rendirían vasallaje. Cerros tutelares como el Ano Qaqa de Chumpi, Larapaqe de Upahuacho, Huasiuta de Oyolo, Puca Puca de Aulla ( Pararca) y otros como el Vaca Rumi de Lampa habrían sido también súbditos suyos envueltos en interesantes aventuras que lo presentan con vida y poder. Por ejemplo, el apu Sarasara castigó a los hombres de Casiri ordenando que solo podían permanecer por tres meses en el pueblo, dado que uno de ellos había cometido incesto con su menor hija. Desde entonces Casiri es un pueblo de mujeres en que los hombres van y vienen para evitar la ira del Sarasara. (Texto extraído del libro “Historia de Parinacochas y Páucar del Sarasara”. Pina Canales Flores. Lima, Ediciones Capazul, pág. 153 – 154. ( Los pueblos que se mencionan en el escrito pertenecen a Parinacochas y Páucar del Sarasara, provincias del departamento o región Ayacucho)

 

 

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