Luala de Antaño (O qué hacer para rescatar una danza)

Personaje

Al encuentro de Patricio Pizarro, el único Luala que aún hace sonar las shacapas en honor a sus ancestros. Danzante que busca el reconocimiento oficial para su danza de Patrimonio Cultural de la Nación.

Al encuentro de Patricio Pizarro, el único Luala que aún hace sonar las shacapas en honor a sus ancestros. Danzante que busca el reconocimiento oficial para su danza de Patrimonio Cultural de la Nación.

Las shacapas deben haberlo elegido, él es un Luala, un danzante, un conocedor de la tonada, precisa y ritual, como el juramento ante los Purunmachos (seres míticos de los sarcófagos) o  como esos penachos, grandes y coloridos,  que le adornan la cabeza cuando su destreza y conocimiento ha llegado al punto máximo y ya no puede dejar de bailar.

Patricio Pizarro es un Luala, un Luala entusiasta y preocupado, ha venido de Luya, allá en Amazonas,  y me ha regalado su leyenda: La Danza del Chuquiac’k y Coplas o Danza Luala , es una danza de la Nación Luya Chillaos. Fue Inti Tusoko en la época pre-inca, Ángeles Triunfantes en la colonia, luego Chuquiac’k y Coplas o Danza Luala, ahora Danza del Arco Iris. Me ha hablado de su maestro muerto, de la vejez de otros tantos que se están yendo sin dejar herencia. De él y su primo Abisaj, convertidos ahora, en el Perú del siglo XXI, en los únicos Lualas, en herederos de una “especie” en extinción, porque los tiempos cambian, porque no hay compromiso, porque no hay tradición que sigan de cerca los más pequeños.

Patricio empezó a bailar a los tres años, edad indicada para iniciarse. A los 18,  ante los Purunmachos de Karajía, juramentó como danzante y  sus shacapas (frutos secos combinados con cascabeles) cantaron su mejor melodía. Patricio ha seguido el camino que le enseñaron y ha danzado ante el Señor de Gualamita, el patrono de Lámud, un cristo enorme y milagroso, un Nazareno que avanza en su anda, sentado e imponente, un Jesús que tiene pacto con la lluvia y derrama las bendiciones a un pueblo que lo venera cada 14 de setiembre.

Tocadores solo hay dos, aquellos que hacen sonar la flauta, la andara  y un pequeño tambor llamado tinya. Churero, el personaje que se prende  de un churo o gran caracol,  la trompeta Luala,  existe uno de los muchos que había en el pasado. Los niños que Patricio tiene como pupilos están aprendiendo a bailar, lo acompañan incluso, pero habrá que esperar a que cumplan 18 años para saber si harán el compromiso divino y milenario que los transforme en Lualas. 

La encrucijada reproduce una preocupación mayor, la transmisión de generación en generación, los viejos no han encontrado descendientes para entregarles la posta. Es más, Patricio no tiene la certeza de que sus alumnos asuman el desafío con suma devoción. Por eso cree que es urgente declarar a esta expresión originaria como Patrimonio Cultural de la Nación antes de que desaparezca. Quizá con la declaratoria sea posible motivar a su recuperación y puesta en valor. Así funcionará el sistema?

Facebook

Twitter

YouTube