Escuchar, aprender, COMPARTIR

Saberes

Don Emiliano se ha traído el saber a cuestas y fácil, puede explicarme el uso y creencia de todas las plantas que vamos encontrando en el camino.

(cuando el saber gana, nace el vínculo)

  • Tantos recuerdos y saberes que seguimos aprendiendo. De las plantas medicinales, de cómo se hace para proteger a esos cultivos de la helada, de qué debemos comer y en qué momento. Cuando recordamos viene el relato.
  • Al borde del lago, al pie del cerro, sentados o en pleno ascenso hacia la cima.

Don Emiliano se ha traído el saber a cuestas y fácil, puede explicarme el uso y creencia de todas las plantas que vamos encontrando en el camino. No ha reparado en detalles y arroja orgulloso los beneficios de la chiqchipa blanca y de la negra. La blanca,  ideal para sazonar el caldo de queso y la negra,  para un mate sanador de los males estomacales. La patamuña estrujada entre las manos y olfateada por segundos, puede servir para matar la sed y el cansancio en plena ascensión hacia la cima del cerro, desde donde será posible tener una vista espectacular del mítico Lago Titicaca.

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PAISAJE. Lago Titicaca desde Chifrón, en la península Capachica, Puno.

Hace unas horas, este habitante de las playas de Chifrón, en la Península de Capachica (Puno),  me ha llevado por su chacra y en tono misterioso ha preguntado ante las habas que han crecido vigorosas: ¿Dónde está la quinua?. He pensado,  como si tratara de una pregunta capciosa,  y no he podido responder. Nos hemos quedado mirando los sembríos y tras adentrarnos en ellos, han aparecido las panojas de quinua listas para cosechar. Don Emiliano entonces ha empezado el relato: “para protegerlas de la helada, del granizo y los vientos fuertes las he escondido tras las habas. Como éstas son más fuertes,  en la batalla natural para sobrevivir, las ayudarán de todas maneras”.

Tanto cariño parece un cuento, pero aquí,  en estos lados del Perú,  aún la gente observa las estrellas y la luna, se da cuenta del nado de los patos silvestres y de los tiempos que vienen. Por eso no olvida ofrendar a la tierra, recordarle sus poderes sagrados, llamar a la deidad de las semillas y pedirle fertilidad, como cuando arrojan granos de quinua sobre las ovejas o conservan con esmero la diversidad, de colores y sabores, para que haya más comida, para que los potajes no disminuyan ni se agoten.

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ALOJAMIENTO. Casa Albergue en Chifrón.

Sucede en Chifrón, sucede en Mulla Contihueco cuando Yola anuncia los favores de la jucha o mazamorra de quinua con cal.  Sucede también en Ácora cuando la mujer que prepara los quispiños (panecillos de quinua)  refiere que las figuras que éstos tienen dependen de la época. Para San Juan crearán con la masa (léase harina de quinua y agua) alpaquitas y ovejas; para Trinidad harán vaquitas y para Espíritu Santo tendrán que amasar chacras, quizá a imagen y semejanza de las suyas. O tal vez mejores, para que las reales se transformen.

La ritualidad crea otro universo. Ha permitido, por ejemplo, que el grano de oro se conserve y sea tan diverso como el paisaje. Que tengamos la posibilidad de aprender, de escuchar y observar, de compartir. Que en el Año Internacional de la Quinua redescubramos la labor de siglos, las herencias, los hallazgos, la lucha diaria por ganarle al clima que ha cambiado y a veces suele ser cruel y despiadado.

Las lecciones son tantas y el reconocimiento tiene que ser igual. Productivo y concreto. Transformador.

 

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