En el Día de los Muertos

Saberes

El 1 y 2 de noviembre es el día y festejo de vivos y muertos. En el Perú, en cada lugar se celebra distinto, pero “botando la casa por la ventana”, siempre.

  • Confundidos quedan en medio del paisaje, porque es necesario recordar y evocar su memoria siguiendo los rituales aprendidos. El 1 y 2 de noviembre es el día y festejo de vivos y muertos. En el Perú, en cada lugar se celebra distinto, pero “botando la casa por  la ventana”, siempre.
  • En Eten te darán como ofrenda una calavera de plástico o una estampita con la imagen de la Señor de la Buena Muerte y el Señor de las Ánimas Benditas.
  • En Huando (Huancavelica) recordarán también a Todos los Santos y velarán las almas con fuegos artificiales.
  • En Cusco armarán la mesa con lo que más le gustaba al difunto y ofrecerán las Tanta Wawas como símbolo de compadrazgo y vínculo.
  • En Lima, en el Cementerio Virgen de Lourdes, en Villa María del Triunfo se unirán todas las sangres y habrá música y danzantes de tijeras, panes decorados cubriendo las tumbas, baile y oración, saxos y violín, abundante comida.

Uno

La tradición de rendir culto a los muertos ha permanecido profundamente arraigada en los pueblos andinos. Cada 1° de noviembre se hacen visitas a las últimas moradas terrenales de los difuntos y se instalan altares en las casas, en cuyas ofrendas los alimentos juegan un rol principal: por ejemplo, en el sur se preparan panes y galletas con harina mezclada de maíz y quinua llamadas quispiños. En el norte (Piura, Tumbes) se preparan galletas dulces que se reparten en las calles entre los niños recordando a algún familiar fallecido siendo niño. En las zonas norte y centro orientales se amarran papas, camotes, yucas -y todo comestible que crece bajo tierra- en los extremos de unas cañas con las que los vivos salen en recorrido. Así, estos frutos de la pachamama alcanzan a las almas de los muertos. Si algún pájaro o ave se acerca a comer los alimentos de las cañas, causa la más grande alegría. (Escrito de Marcela Cornejo)

En esta época de noviembre los cementerios se inundan de música y danza. Morir es simplemente cambiar de estado. No es el final, dicen.

 

Dos:

Para las “almas buenas” se prepara potajes donde lo blanco predomina: harina, panes. Se distribuye con sumo cuidado la coca, ésta no se debe recibir con la mano extendida como si fuera limosna, sino con ambas manos protegiéndola.. Si es niño, los alfeñiques de azúcar, figuritas diminutas de plomo y estaño y toda clase de frutas dulces están en abundancia. Pero ¿qué pasa con las “almas malas” o de los seres no queridos, cómo y con qué alimentarlos? De ellos nadie se olvida porque estarán presentes y queremos su apoyo para que llegue la lluvia y se lleven las plagas y enfermedades. A ellos, llamados también saxras, el yatiri les prepara una mesa u ofrenda, llamada chiyara, donde se ve el azufre, productos malogrados, despojos orgánicos, plumas de búho, pelo y heces de zorro. Todo esto sobre una manta negra o papel periódico, se les ofrece en la noche y en lugares alejados con el único fin de que no traigan males, enfermedades o pestes. (Escrito de Rodolfo Tafur)

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Ofrendas culinarias en las mesas de los cusqueños. Esperan siempre que el difunto vuelva y las saboree.

Tres:

Pensar en la muerte significa para los peruanos mantenerse atentos al deseo silencioso de los que ya no están aquí y sin embargo sienten, se alegran y molestan al mismo tiempo. En Villa María del Triunfo, miles de provincianos acuden al cementerio y llevan su propia música para saludar a sus difuntos, para bailar y agradarlos en este día con la comida que tanto les gustaba. En Ciudad Eten  (Lambayeque) don Antonio Cumpa mantiene las velas encendidas ante la figura de un esqueleto con su guadaña. Cree, esperanzado, que en ese cuadro también debe de estar su esposa muerta, quien alguna vez aplaudió su participación en la Hermandad de las Ánimas Domine. Y en Huando, las moscas acercándose a las manzanas y plátanos le sugieren a Ángela que sus abuelos muertos han vuelto y están probando cada preparado que ella ha colocado sobre una mesa en la mitad del patio.

En esta época de noviembre los cementerios se inundan de música y danza. Morir es simplemente cambiar de estado. No es el final, dicen.

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