Cubiertos por el manto

Me preguntan hasta hoy, qué recuerdo de las muestras de cariño de la gente. Desde que salí de cuidados intensivos, la estampa que he evocado y recordado, es aquella en la que dos jóvenes llegan desde Ica y traen el manto y el sudario de sus patrones, para pedir mi recuperación. – Dónde estás? – me pregunta una voz al Más…

  • Me preguntan hasta hoy, qué recuerdo de las muestras de cariño de la gente. Desde que salí de cuidados intensivos, la estampa que he evocado y recordado, es aquella en la que dos jóvenes llegan desde Ica y traen el manto y el sudario de sus patrones, para pedir mi recuperación.

– Dónde estás? – me pregunta una voz al teléfono. Sospecho que debo responder y especificar mi ubicación. Se nota tan familiar (seguro es mi amigo), aunque no puedo escuchar bien lo que me cuenta.

– Tengo el manto de la virgen- logro captar de lo que dice, pero la verdad, el ruido es bastante más fuerte.

A los pocos minutos esa voz al teléfono se materializa y cruza la puerta. Es Víctor Torres Aquije. Mi hijo mayor lo reconoce, le da un abrazo y recuerda como aquella mañana, junto a Max Valencia, llegó a la Clínica San Gabriel sosteniendo el sudario del Señor de Luren y el manto de la Virgen del Rosario de Yauca, para colocarlos sobre mi cuerpo y rezar por mi pronta mejoría.

Yo estaba en cuidados intensivos, así que fue imposible cumplir con el objetivo. Las prendas entonces cubrieron a mi familia y enlazados en oración, Víctor y Max regalaron buenas vibras de quienes estuvieron conmigo mientras el Señor de Luren bajaba de su altar o mientras corríamos detrás de las vírgenes altareras que avanzan rápido para saludar a la jefa del santuario en el desierto.

-Te he traído el manto- refiere Víctor y acto seguido me lo pone en la espalda y luego en la de mis hijos.

 

GRACIAS AMIGOS. Víctor y Max llevaron los mantos a la clínica autorizados por el padre Grover, rector del Santuario del Señor de Luren.

Víctor me contaría después que enterado de mi enfermedad corrió al Templo de Luren y le pidió autorización al padre Grover Cáceres para llevarse a Lima las dos prendas de los dos protectores emblemáticos de Ica. Convocó a Max, miembro ahora de la hermandad de Luren, y emprendieron viaje hacia Lima. Ahora, saboreando un arroz chaufa,  celebramos la vida.

Víctor se lo ha tomado tan en serio que motivó a la Municipalidad de Ica a que me declare Huésped Ilustre. Además,  me trajo los cariños y las tejas de Norita y toda la familia de Tejas Rosalía. Graciaaaaas.

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